El día que decidí ir sola a Barcelona para cumplir un sueño… y no pudo ser en aquel momento…

Hoy te cuento algo personal de mi vida…

Es un post un tanto largo, así que agarrá unos pochoclos y una gaseosa (o café, lo que gustes), y acomodate… Te voy a contar cómo empezó una de las partes más importantes de mi vida.
(Si querés ir directo al tema de este post, andá al primer párrafo que comienza en negrita).
*Si no me equivoco, precisamente HOY, 27 de enero de 2017, cuando estoy comenzando a escribir esta entrada (aunque será publicada un poco más adelante), se cumplen 3 años de aquella vez que intenté cumplir mi deseo…

Como much@s lectores de este blog saben, en el 2012 engendré el gran deseo de ser Auxiliar de Vuelo, y a partir de ese momento, no paré hasta conseguirlo… En esta publicación cuento cómo fue ese proceso.

Luego de un viaje con mi papá por Europa en el año 2012, mi visión de la vida y de lo que yo quería hacer en ella cambió muchísimo… No me sentía bien con cómo iba mi existencia, no me sentía feliz, no disfrutaba mucho lo que hacía… había hecho algunos intentos fallidos para que me gustara pero sin éxito, y también había comenzado otra carrera para ver si reactivaba algún entusiasmo en mí, pero no… Y después de este viaje con mi papá me di cuenta de que viajando y conectando lugares del mundo y personas soy feliz. Así es que después de caer en la cuenta de lo que me llenaba el alma y descubrir mi espíritu nómada, decidí buscar aquello que compatibilizara con eso y me permitiera poder tener una vida de la que no necesitara vacaciones 🙂

Yo era docente y me gustaba mucho poder enseñar inglés y maneras de comunicarse en otro idioma: siempre me gustó mucho la comunicación y sus diferentes formas de realizarse y manifestarse, como el arte en todas sus expresiones (por eso tengo un blog :D), y siempre sentí (siento) que aprender otra lengua abre puertas y posibilidades, nuevos mundos, nuevas maneras de mirar la vida, nos da nuevas estructuras de pensamiento que nos ayudan a generar nuevas ideas… nos conecta con un mundo nuevo. También me encantaba el contacto con los alumnos y en general la pasaba bien con mis grupos… pero sentía que no podía realizar aquello que tan feliz me hacía: usar el idioma que yo misma enseñaba, en otros países, viajando… Lo hice aquel 2012, pero no era una oportunidad que podía tener todo el tiempo: el año lectivo no me daba los momentos para viajes largos; obviamente el resto del año no podía estar pidiendo licencias para viajar, y el tema económico también me lo dificultaba… Debía trabajar mucho para poder ahorrar a fin de viajar, y tanto trabajo hacía que tampoco tuviera el tiempo y la energía de poder luego hacer esos viajes. Además, como docente, me llevaba mucho trabajo que debía completar y hacer en mi “tiempo libre” en casa, así es que estrictamente, mucho tiempo libre no tenía… Recuerdo un domingo que terminé llorando porque lo único que había hecho en todo el fin de semana había sido dormir/descansar, comer, corregir y preparar clases (trabajar), y volver a dormir… no había salido en todo el fin de semana, no había dedicado un solo minuto al esparcimiento o a ver la luz del sol afuera.

La rutina me pesaba… Con apenas 25 años, empezaba a sentir un desgano muy grande por levantarme cada mañana y afrontar el día. Si bien el contacto humano es algo que disfruto, a veces es difícil, y l@s alumn@s no siempre cooperaban. L@s compañer@s de trabajo y superiores tampoco, y tuve que afrontar diferentes maltratos e incluso bullying de colegas en algunas instituciones (sí, parece raro, pero l@s adult@s también lo practican y también lo sufren). Preparaba clases, destinando mi tiempo a ello -tiempo que podría dedicar a descansar o al ocio-, y eran clases que a veces no podía llevar a cabo de la manera planeada por diferentes motivos, administrativos, del mismo sistema escolar, u otros; corregía exámenes y trabajos, pero el sistema que me lo exigía luego desestimaba mi labor pidiéndome que aprobara a quienes no les daba la nota para ello… Y a eso se le podían sumar temas de la vida cotidiana, problemas que puede tener todo el mundo, que iban desgastando mi estima, mi energía, mi humor, mi vida (si sos o fuiste docente, quizás entiendas de lo que hablo)… No era precisamente la vida que me hacía feliz ni la que yo quería para mí, pero no sabía qué hacer para vivirla como la aventura que debería ser… Quizás depende también de cómo se interpretan las cosas, pero en ese momento no tenía herramientas para interpretar mi situación de otra manera… hasta que viajé con mi papá (primero iba a viajar sola, y luego mi papá se unió a mi plan) y descubrí que quería volar 🙂

Me gustó mucho la experiencia de estar en un avión, suspendida entre las nubes, en una especie de pájaro metálico… Sentía que mis problemas también quedaban “suspendidos” y que todo iba a estar bien. Todo el proceso me pareció mágico. Viajar a otras tierras, desde luego, también me gustó 🙂 Ahí aprendí que en un viaje siempre descubrimos cosas, no solo del mundo exterior sino también del interior nuestro; entendemos que la vida es mucho más que trabajar y pagar impuestos: es una aventura única que hay que aprovechar para hacer algo que nos llene, algo que consideremos grande, que nos haga felices. Y aprendemos que estamos rodead@s de señales que nos muestran cuál es nuestro verdadero destino. Gracias a ese viaje con mi papá descubrí el mío: volar 🙂 Y como conocía a alguien que había hecho el Profesorado conmigo y luego se animó a hacer un viraje en su vida y cambiar de profesión volviéndose Auxiliar de Vuelo, lo contacté, le conté lo que me pasaba y le pregunté sobre cómo era el trabajo, qué requería, dónde hacer el curso para habilitarme como Tripulante, etc. Todo lo que me contó me encantó, así que, luego de superar mis temores sobre mi altura (que jamás fue mi fuerte porque soy más bien bajita) y mi edad (tenía cerca de 28 años en aquel momento), me inscribí para hacer el curso de Auxiliar de Vuelo y lo disfruté muchísimo 🙂

Hice amistades que aún hoy conservo, y con quienes compartimos charlas, viajes y aventuras 🙂

 Con Javier y Daiana en el evento del final del curso, en el que recibí el Premio a la Mejor Compañera <3 🙂

Una conocidísima aerolínea de Medio Oriente había venido a Mar del Plata a reclutar ese mismo 2012, así que ese fin de semana fuimos con mi amigo Nico (que no salió en la foto de arriba 🙁 ¿Dónde estabas, Nico?) a tomar un micro hacia el Partido de la Costa, y asistimos al evento… Nos dijeron que al mes siguiente podríamos estar recibiendo novedades, pero esa vez no nos volvieron a contactar…
Al año siguiente, en el 2013, volví a asistir, esta vez cerca de mi casa en Capital Federal, para lo cual ya iba mucho más preparada, con más información estudiada en foros, con mi propia experiencia anterior, y con toda mi mentalización de que esta vez sí iba a lograrlo. Como me faltaba un centímetro para llegar a la altura pedida, todo el mes anterior había estado haciendo ejercicios de elongación y había marcado en mi pared la medida requerida, y unos días antes me llevé la grata sorpresa de que finalmente llegaba a tocar la marquita 🙂 Todo parecía ir saliendo genial.
Fui al evento, con mi hermana menor; en el ejercicio de redactar un ensayo, escribí uno para el Pulitzer, pero en el momento en que me midieron, no llegué a la marca y no entendía por qué… Sentí que la habían levantado y me sentí engañada. Volví a mi casa enojadísima, triste, frustrada… No obstante, días más tarde mi nombre aparecía entre l@s seleccionad@s para las siguientes instancias y recibí la invitación para continuar en carrera 😀

El proceso fue similar al de los reality shows en el que cada vez que terminabas una etapa, te daban un papelito que decía si proseguías a la siguiente o te agradecían por haber participado y te esperaban, si lo deseabas, en seis meses para volver a presentarte.
Nuevamente, fui con mi mejor actitud, me sonrisa más grande y todas mis visualizaciones que auguraban que ya me iba a mudar a Medio Oriente a vivir la vida que siempre había soñado…
Llegué a la semifinal, pero no pasé 🙁

Fueron difíciles los meses que siguieron: si bien estaba satisfecha por haberme animado a ir, a enfrentarme a la posibilidad de fracaso, y por haber aprendido mucho y saber que si llegué tan lejos era porque tenía el potencial de cumplir mi sueño, mi vida real, la que vivía todos los días, no me gustaba… Me sentía vacía, sin propósito más que el de cumplir mi deseo de volar, cuyo proceso de cumplimiento ya no estaba disfrutando porque se había vuelto una obsesión… Día y noche soñaba con eso: era lo primero que pensaba al despertarme, lo último que pensaba al irme a dormir, y lo que a veces soñaba. Repetía en mi mente las instancias en las que había tenido éxito y las que había fracasado, pensando en por qué cuernos no había podido pasarlas, después de haber hecho mis 20 mil visualizaciones, de haberme repetido que lo lograría, de convencerme de ello, de seguir los pasos del famoso video El Secreto y toda la parafernalia… No sabía bien qué había hecho mal, y en los foros nadie sabía decirme. Veía aviones por todos lados, y quería estar en uno, quería que fuera mi lugar de trabajo…

Es muy raro (y grato) para mí escribir sobre todo esto desde mi presente, porque al traerlo a la memoria me parece que fuera ayer, y que estoy escribiendo desde el futuro… Escribo con el beneficio de poder mirar atrás, de estar en el ahora y ver el pasado y saber lo que terminó ocurriendo, saber el final de esta historia… pero creo que si pudiera hablarle a la Alura de ese momento y decirle “No te preocupes: lo vas a lograr”, probablemente no me habría dejado de entristecer cada vez que añoraba lo que no tenía.

Mientras añoraba la vida que no tenía, debía vivir la que sí, y no me gustaba: algunos de los lugares donde trabajaba eran agradables, pero en otros respiraba un clima hostil… En algunos de ellos decidí renunciar porque soy de la idea de que cuando ya no te sentís a gusto en un ambiente, y éste no va a cambiar, y vos tampoco tenés por qué cambiar ni adaptarte a lo que es injusto, y la gente de allí tampoco quiere cambiar (ni tiene por qué hacerlo para cumplir tus expectativas), entonces no tenés por qué tolerar nada más y no queda otra que irse. Simple. Pero si bien eso me daba un alivio temporal, luego de superar el dolor por tener que pasar por eso, seguía sin ser feliz.

Empecé a envidiar a gente que tenía otros trabajos, y comencé a pensar que el problema era yo: que quizás yo pienso que soy responsable y aplicada, pero que en realidad no nací para este sistema o para este mundo, que quizás yo en verdad en el fondo soy una vaga a la que nada le viene bien y que no quiere trabajar… Pero después de tanto esfuerzo y tanto estudio, sentía que la profesión para la que había estudiado tanto no me brindaba la vida que yo esperaba y que quería, y empecé a desear no haber estudiado nada, no haber gastado tantos años de mi vida en estudiar tanto, exigirme tanto, sacrificar tanto mi salud (en el camino me enfermé con un desbarajuste hormonal que no fue nada grato y duró bastante), para tener un título que no me aportaba – como la sociedad me había prometido – una vida exitosa, que me agradara y me hiciera sentir orgullosa… Crecí con la idea de que un título, una buena educación, empeño y trabajo me harían feliz, pero no… No le encontraba sentido a lo que había decidido estudiar y aplicar como profesión, y eso me hacía sentir aún peor.

Con todo esto que cuento no quiero victimizarme ni que se mal entienda: tuve también momentos muy gratos, generé relaciones muy sanas con varios colegas y hasta alumn@s que aún mantengo al día de hoy, y esto es solo mi manera personal y muy subjetiva de interpretar lo que me ocurrió, de recordarlo y relatarlo ahora, y gracias a todo eso, las cosas fueron dándose de manera tal que ahora disfruto y valoro mucho mi presente. 

El día que entendí que ya no podía seguir así fue una mañana de agosto de 2013 en la que me desperté con mucha angustia, y fui llorando todo el trayecto hasta entrar al colegio donde daba clases a primera hora: sí, fui llorando en colectivo toooodoooo ese camino, maldiciendo mi vida, sintiendo que nada tenía sentido. Recuerdo que la pregunta que me hacía en mi mente todo el tiempo era “¿Por qué no puedo ser feliz con lo que hago y con lo que tengo? Debería estar agradecida: al menos tengo trabajo, que es mucho más que lo que otros tienen”; pero a pesar de tener esa vocecita que me retaba y que trataba de calmarme y ponerme las cosas en perspectiva, había otra que me decía “Quizás no naciste para este mundo o para este sistema. Quizás no podés ser feliz. Vas a tener que aceptarlo. La felicidad no es para vos: no está en tu destino. La vida es injusta: acostumbrate y jodete”.
Era una lucha constante entre estas dos voces, y ante el interrogante “¿Qué puedo hacer para sentirme mejor?” lo único que se me ocurría era finalmente cumplir mi deseo de volar. Pero ¿qué tal si jamás se me cumplía? Hay factores que no dependen de una misma, y pesan muchísimo, al punto tal de hacerte no prosperar en el proyecto, hagas lo que hagas, como sentía que me estaba ocurriendo en aquel momento… ¿Entonces nunca me sentiría bien? ¿Nunca sería feliz? Tampoco podía hipotecar toda mi vida y hacer depender mi felicidad del cumplimiento de ese deseo… pero no sabía qué hacer.
En otra ocasión recuerdo que en la sala de profesores empezamos a hablar de varias desventajas de nuestro trabajo, y mientras escuchaba a mis colegas comentar sus pesares, me puse tan mal que empecé a llorar, por sus problemas y los míos… La angustia me invadía y me sentía sin salida.

Hasta acá en mi relato te estarás preguntando “¿Pero no podías hacer otras cosas? ¿No contemplaste cambiar a otro trabajo diferente hasta cumplir tu sueño de volar?”. Pues sí, me costó un poco tomar esa decisión, porque sentía mucha bronca y culpa por haber dedicado tantos años de mi vida a una carrera para luego querer hacer otras, pero sabía que así no podía seguir, así que había mandado millones de CVs a diferentes puestos que medianamente me agradaran para poder cambiar un poco de aire… Pero no me llamaban de ningún lado, a pesar de contar con un título profesional, y además ya me había acostumbrado a ciertas ventajas (que siempre trataba de tener presente cuando pintaba el bajón) que tenía en mi trabajo docente, que era cierta flexibilidad en mis horarios.

Si me hubieran llamado de alguno de los otros puestos a los que me postulaba, quizás me habría sentido un tanto mejor. Pero como no ocurría, me sumía más y más en la angustia y la falta de estima propia.

También mandé, desde luego, mi CV a millones de aerolíneas de todo el mundo, incluso a Jordania (en serio: a países que ni sé ubicar claramente en un mapamundi): un día me senté con la computadora y googleé todas las aerolíneas del mundo, me hice una lista, y les empecé a mandar mi CV, una por una… Y una por una me rechazaban, o no contestaban… Ya me estaba quedando sin ideas y no sabía qué más podía intentar.

Hasta que finalmente otra conocida aerolínea de Medio Oriente (la competencia de la anterior) me invitó a una ronda de entrevistas, y me daban seis meses para elegir día y lugar donde la haría. Cada mes publicaban los lugares del mundo en los que la llevarían a cabo, para que pudiera elegir el día y país que me quedara más cómodo. Como no tenían (ni tienen aún) ruta en Argentina, tuve que elegir la zona más cercana, que resultó ser Barcelona en España.
Fui en enero del año 2014, porque era cuando tenía vacaciones y no necesitaba de ninguna licencia ni permiso para poder hacer ese viaje.
Ya que invertía tanto (de mi bolsillo) en ir hasta allá para la entrevista, decidí quedarme algunos días extra para poder conocer un poco del lugar y aprovechar para disfrutar días allá. No fueron muchos en total (habrán sido menos de 10, o por ahí), pero los disfruté mucho y en compañía de mí misma 🙂 Quise ir unos días antes para poder llegar tranquila, saber que iba con tiempo, y familiarizarme con el camino desde mi hotel hasta aquel donde se hacía la entrevista, que quedaba a unas cuadras.

Todo venía saliendo genial, porque nuevamente estudié todo lo que pude de diferentes foros y páginas, hice mis visualizaciones, me convencí de que esta vez sí sería elegida, y además en esta aerolínea llegaba más tranquila con mi altura 🙂 Asimismo, meses antes había ganado una “beca” de un curso online para aprobar este tipo de entrevistas, porque mi ensayo explicando mis motivos para obtener esa beca le gustaron tanto a quien la otorgaba que me eligió para dármela. Ese curso me inspiró un montón y al día de hoy recuerdo todo 🙂
También me di ánimos mirando 20 millones de veces una película llamada “View From the Top” (traducida al español como “Volando Alto”), con Gwyneth Paltrow, que relata la historia de una chica que quiere ser Tripulante y finalmente, luego de tanto perseverar, lo consigue… Yo sentía que estaba en la película y que era Donna Jensen, la protagonista 🙂 Y todo parecía indicar que iba a tener el mismo final feliz que ella.

Tomé mis petates, y emprendí el viaje, yo sola, contra el mundo, y fui en busca de mi sueño, convencida de que lo lograría.
Llegué muy feliz a Barcelona, con mi valija, mis indicaciones de cómo llegar al hotel, y me enamoré de esa ciudad ni bien la pisé. Me habían dicho que la gente no era amable, que no me tratarían bien, así que fui con un poco de miedo, pero todo resultó más que genial: la gente era muy cordial y al ver que yo era de otro país, me ayudaban y hablaban mi español 🙂 Incluso el taxista que me llevó desde el aeropuerto al hotel, y luego de regreso al aeropuerto días después, me escribió por mail para preguntarme si había llegado bien a la Argentina 🙂

Pasé todas las rondas de entrevistas, todo el estrés, y finalmente llegué un paso más de lo que venía llegando antes: pasé a la final. Como la primera vez con la otra aerolínea no volvieron a llamarme, y la siguiente sí pero llegué a la semi-final, pensé que esta vez, al llegar cada vez más lejos y pasar a la final, ya quedaría… Estaba segura porque sentí que me había ido muy bien, pero el día que debía tomarme el avión de regreso a Buenos Aires, me llegó el mail en el que me agradecían por haber mostrado interés y asistir, y me avisaban que podía volver a postularme en seis meses…

Me rompió el corazón. Volví llorando por todos los aeropuertos (porque siempre que viajé, lo hice con conexiones, con el estrés que eso implica) y llegué destrozada a Buenos Aires, a continuar con mi triste existencia.

Ya no sabía cómo hacer para disfrutar de alguna forma lo que me quedaba de vida.
Si en ese momento me habrían propuesto irme a otro planeta, habría aceptado. Si me hubieran dicho: “te quedan 2 años de vida” y me pedían que relatara lo que deseaba ver como futuro, no habría sabido porque sentía que ya todo estaba perdido. ¿No me querían por mi edad? ¿No daba el perfil? ¿Qué tenía que hacer para ser elegida? La incertidumbre, para mí, es lo peor que hay…

Traté de buscarle el lado positivo y, en un intento por reanimarme, intenté postularme a becas de perfeccionamiento docente en el exterior… pero no me eligieron.
Me postulé, entonces, para un puesto en un colegio, y llegué a la final, en la que había otra postulante y yo, y adivinen a quién eligieron… a mí NO.
Me postulé también en otro establecimiento como coordinadora del área de inglés, y primero me dijeron que me tomaban, y luego la persona que iba a irse de ese puesto se terminó quedando y no me lo dieron…
Así varios meses, y yo sin entender qué pasaba con mi destino que me hacía creer que me daba algo, y por poquito luego no se me daba… Fueron al menos 3 meses en los que intentaba cosas para no sumirme en una depresión y no lograba ni una. Y mi autoestima estaba cada vez peor: sentía que en ningún lado me valoraban ni me querían, que mi título no valía, y que yo tampoco…

Hasta que en el mes de abril del año 2014 todo se destrabó: me llamaron de una conocida agencia de turismo y me dieron la posibilidad de tener un puesto que jamás había tenido, pero para mí era un grato desafío, y aprendí muchísimo de cosas que no sabía. Al mismo tiempo estaba cerca de barcos (catamaranes), tripulaciones, viajes, pasajeros y turistas, que es un ambiente que me gusta mucho.
También me llamaron para otro interesante puesto, pero terminé quedándome con el anterior. Ayudó mucho a mi autoestima que me empezaran a llamar de diferentes lugares.
Y finalmente me llamaron también de mi actual aerolínea 🙂 Ya no deseaba estar tan apegada a todos mis procesos de mentalización, y si bien fui con mi mejor actitud, ya no quería volver a desilusionarme, y como mi presente ya no me disgustaba tanto, no sentía que iba al “todo o nada”: si no me tomaban, seguía contenta como estaba. Así que me relajé. Y justo cuando las cosas ya no estaban yendo tan bien en la agencia de turismo, me avisaron, al día siguiente de mi cumple número 31, que había sido seleccionada para comenzar el curso de ingreso 🙂

Bueno, lo demás es parte de mi presente, que valoro muchísimo por todas las ingratitudes que tuve que pasar para llegar hasta acá… Miles de veces tuve ganas de mandar todo al diablo, pero sabía que si seguía un poco más, todo iba a valer la pena; si abandonaba, todo el esfuerzo anterior iba a ser en vano, pero al continuar, iba a revalorizarlo todo. En algunas ocasiones quise dejar de tratar porque pensé que no iba a poder aguantar otro rechazo más, pero cuando me relajé y dejé de visualizar y hacer todo ese proceso tan estructurado y estricto, se me terminó dando. Todo iba a terminarse cuando yo decidiera dejar de intentarlo.
Hay una pequeña historia que cuenta que un hombre le preguntó a un sabio cuál era el camino del éxito; éste le señaló un lugar, y el hombre fue hasta allí y se lastimó. Volvió al sabio, creyendo que había entendido mal, y le preguntó de nuevo cuál era el camino hacia el éxito, y éste volvió señalarle el mismo lugar. El hombre fue nuevamente hasta allí y volvió a lastimarse, así que fue enojado con el sabio y le dijo “Me has mandado siempre al mismo lugar, pero cuando fui, me caí a un pozo y me lastimé… ¿Cuál es el verdadero camino hacia el éxito?” y el sabio le respondió “Es allí mismo, luego de pasar por el pozo”.

Este relato me enseñó que siempre hay que perseverar, nada malo ni bueno es para siempre, y hay que relajarse.

En cuanto a Barcelona: le guardo un recuerdo hermoso <3 Es una ciudad más que genial. Un poco de geografía (de Wikipedia):
Barcelona es una ciudad y municipio de España, capital de la comarca del Barcelonés, de la provincia homónima y de la comunidad autónoma de Cataluña. Históricamente ha sido la capital del Principado de Cataluña.
Con una población de 1.608.746 habitantes en 2016, es la segunda ciudad más poblada de España después de Madrid, y la undécima de la Unión Europea. El área metropolitana de Barcelona, incluida en la Región urbana de Barcelona, cuenta con 5.029.181 habitantes (2011), siendo así la sexta ciudad de mayor población de la Unión Europea.
Se ubica a orillas del mar Mediterráneo, a unos 120 km al sur de la cadena montañosa de los Pirineos y de la frontera con Francia, en un pequeño llano litoral limitado por el mar al este, la sierra de Collserola al oeste, el río Llobregat al sur y el río Besós al norte. Por haber sido capital del condado de Barcelona, se suele aludir a ella con la denominación antonomástica de Ciudad Condal.
Barcelona ha sido escenario de diversos acontecimientos internacionales que han contribuido a consolidarla, desarrollarla y darle proyección mundial. Los más relevantes han sido la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, los Juegos Olímpicos de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas 2004. Es también sede del secretariado de la Unión para el Mediterráneo.
En la actualidad, Barcelona está reconocida como una ciudad global por su importancia cultural, financiera, comercial y turística. Posee uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y es también un importante punto de comunicaciones entre España y Francia, debido a las conexiones por autopista y alta velocidad ferroviaria. El aeropuerto de Barcelona-El Prat, situado a 15 km del centro de la ciudad, fue utilizado por más de 37,5 millones de pasajeros en 2014.

En mi estadía, decidí caminar por la zona donde yo estaba parando, y también hice el tour que hacen con esos buses grandes, rojos, en los que te van explicando por un auricular la historia y geografía del lugar, en el idioma que elijas:

Fui a museos también:

No me digan que esta ciudad no es hermosa:

Y el mish también era hermoso:

No salió bien la imagen, pero es de cuando fui a la entrevista:

Esta foto es de una especie de bar al que fui a comprar una comida típica de allá (“pa com tomaca” o algo así, que es, básicamente, pan con tomate: riquísimo), y el dueño era súper amable y me contó que decidió mudarse allí y tener su negocio. Y allí, en ese mural, los turistas escribían mensajes. El mío está ahí, perdido entre los demás, pero está:

Y éste fue el comienzo de mis verdaderos viajes en solitario: viajar a tierras lejanas sola tiene su encanto, y a partir de ese momento se me ha vuelto adictivo.
Y, además, tengo la profesión que disfruto, y a pesar de momentos turbulentos, no siento que la magia haya desaparecido.
Continúo haciendo otras actividades, que hacen que a cada una la disfrute más 🙂
La macana de los viajes en solitario es que si no tenés el palito de la selfie, no podés sacarte muchas fotos a vos mism@ sin molestar a otr@s 😛 Así que son más fotos de paisajes en las que tanto no salís 😛 XD

Me encantaría poder escuchar sus historias de sueños cumplidos, así que l@s invito a que me las cuenten en los comentarios de abajo 🙂
Y se vienen las entrevistas que voy a hacer al respecto! 😀

¿Qué harías si supieras que no vas a fracasar?

Y por tu atención, muchas gracias 🙂

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